Publicado en Aula de Psicología, El duelo en los niños

LIBROS PARA MANEJAR EL DUELO INFANTIL


Os dejamos un listado de libros que abordan el duelo en los niños, la mayoría en forma de cuentos, muy recomendable “El niño de las estrellas”.

LIBROS DUELO

DÓNDE ESTÁ EL ABUELO?
Cortina, Mar. Editor: Tàndem Edicions
Esta es la pregunta que se hace una niña que hace unos días que no ve a su abuelo, no está. Pregunta a su madre, a su padre, a su abuela… y obtiene diferentes respuestas…

EL NIÑO DE LAS ESTRELLAS
Grient, katrien van der. ING Edicions
Este cuento nos habla de Clara, una niña de 6 años, que durante el verano ha visto como su hermanito ha muerto. Cuando regresa a la escuela lo explica a su maestra y a sus amigos. Esto genera preguntas y comentarios y un debate entre los niños.

CUANDO ESTOY TRISTE ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO
Mundy, Michaelene. Editorial San pablo
‘Cuando estoy triste’ ofrece a los niños de todas las edades, y a cuantos cuidan de ellos, un libro realista que aporta sugerencias positivas y vitalistas para ayudarles en los trances más dolorosos. En sus páginas pueden aprender a vivir el dolor con ese ánimo realista y saludable que ayuda a crecer.

CUANDO LOS ABUELOS NOS DEJAN. CÓMO SUPERAR EL DOLOR
Ryan, Victoria. Editorial san Pablo
El duendecillo protagonista, describe los días anteriores y posteriores a la muerte del abuelo, da ideas para actuar y preguntas para discutir. Una guía que ayudará a vuestro afligido hijo a tener recuerdos consoladores y a encontrar alivio.

EL CUENTO DE THUMPY
Dodge, Nancy C. Editor: Share Pregnancy & Infant Loss Support, Inc.
Thumpy, el conejito comparte el dolor y las preocupaciones que siente cuando muere su hermana repentinamente. La familia se une y se da ayuda mutua para sanar la pérdida y crecer en una experiencia curativa. Este libro, leído en compañía de un adulto, suscita en el niño preguntas que nos orientarán en el mapa de su estado emocional.

EL HILO DE LA VIDA
Bloch, Serge. Cali, Davide. Ediciones B
Este libro ilustrado recorre la vida para aquellos momentos más emotivos: la infancia, el amor, el nacimiento de un hijo, la muerte de una persona amada,… Todo se explica de una manera muy gráfica, sutil y acertada. Las ilustraciones son las protagonistas, como también el hilo de lana roja que debe seguirse durante todo el cuento.

EL LIBRO TRISTE
Blake, Quentin. Rosen, Michael. Editor: Serres
Este cuento habla de la tristeza de un padre que ha perdido a su hijo.

EL PATO Y LA MUERTE
Erlbruch, Wolf. Editor: Barbara fiore editora
A través de la relación que se establece entre un pato y el personaje de la muerte se van dando respuestas a preguntas que el pato les hace a la muerte, sobre la muerte y el morir. La convivencia entre ambos facilita la aceptación de la muerte del pato. ¿el pato le pierde el miedo a la muerte?… Cuento con unas ilustraciones muy acorde con el sentido del cuento.

JULIA TIENE UNA ESTRELLA
Jose, Eduard. Gubianas, Valentí; il. Editor: La Galera
Cuento sobre la muerte de la madre. Julia tiene una estrella. La estrella de Julia es de verdad, de las que hay en el cielo y se ven de noche. Y es muy especial: hace tiempo su madre fue a trabajar allí… Recomendado para niños a partir de 5 años

MAMÁ
Zubeldia, Iñaki. Editor: Edebé
Beatriz, una niña de 8 años, nos explica que cuando ella tenía 7 su mamá murió. Tiempo atrás la mamá de Beatriz se encontró mal, y resultó que tenía un cáncer de mama, que gracias a una operación y a la quimioterapia pudo superar. La mamá de Beatriz le explica qué es el cáncer y porqué se le cae el cabello. Cuando parecía que ya habían dejado la enfermedad atrás, la mamá de Beatriz se volvió a encontrar mal; y le explicó a Beatriz que tenían que volver a luchar contra ‘los bichitos’. Mamá, también les explicó a ella y a su hermano Álex lo que era un cementerio, y que en el cielo hay una estrella muy hermosa iluminando a su familia. Cuento recomendado para niños a partir de 6 años.

NANA VIEJA
Wild, Margaret. Ediciones Ekaré
Maravilloso cuento que nos explica la relación entre una abuela y su nieta que viven juntas. Y nos enseña los sentimientos que sienten la abuela y la nieta cuando la abuela ve cerca su muerte.

NO ES FÁCIL, PEQUEÑA ARDILLA
Ramón, Elisa. Osuna, Rosa. Editor: Kalandraka
La pequeña ardilla ha perdido a su madre y está muy triste.. pero al final entiende que mamá está con ella y nunca la abandonará.

PARA SIEMPRE
Durant, Alan. Gliori, Debi. Editor: Timun Mas
La nutria, el topo, el zorro y la liebre formaban una gran familia; pero un día el zorro se puso enfermo y se murió. Todos estaban muy tristes, pero en sus corazones, recuerdos y en su sonrisa el zorro seguía allí, a su lado … para siempre.

TE ECHO DE MENOS
Verrept, Paul. Editor: Juventud
Carla era mi mejor amiga. Un día se mudó con sus papás. Yo me sentía raro.
-Creo que echas de menos a Carla- dijo mamá.
-¿Qué quiere decir echar de menos?- Pensaba en Carla y también en la abuela. La abuela murió.

¿CÓMO ES POSIBLE??! LA HISTORIA DE ELVIS
Schössow, Peter. Editor: Lóguez
¿cómo es posible que Elvis haya muerto? Este cuento nos explica que ella, una niña, está triste y no entiende porqué Elvis ha muerto. No el Elvis de las caderas… su Elvis, su pequeño pájaro amarillo.

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EL DUELO EN LOS NIÑOS


Os presentamos a la autora y psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, especializada en el tema de la muerte y el duelo. Abordó este tema con una visión novedosa para su época, estableció las diferentes etapas del duelo e investigó cómo los niños afrontaban la muerte de una manera más natural que los adultos. 

LAS MARIPOSAS DE ELISABETH KUBLER-ROSS

“No hay que temer a la muerte; la muerte no existe, es sólo una transición”.  

Nació en  1926 en Zurich (Suiza) y en 1957 se graduó en Medicina en la universidad de Zurich. Siendo estudiante de medicina visitó algunos de los campos de exterminio nazi tras la guerra. Elisabeth se sorprendió de que en las paredes de los barracones donde los judíos esperaban su muerte inminente, los más pequeños, tan jóvenes que ni tan siquiera poseían creencias religiosas, habían dejado plasmados sus sentimientos con respecto a los que les aguardaba.   Y lo que más impactó a la joven psiquiatra es que, de una manera natural e instintiva, aquellos niños consideraban la muerte no como un final, sino como un proceso de cambio, una mutación de estado. Como carecían de conceptos para expresar tales sentimientos, aquellos niños lo plasmaron en dibujos de orugas que se transformaban en mariposas. Esos dibujos infantiles tocaron profundamente a Kubler-Ross, quien a partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a crear una nueva cultura sobre la muerte.   El símbolo de la mariposa se convirtió en un emblema de su trabajo, porque para Kubler-Ross la muerte era un renacimiento a un estado de vida superior. Los niños -afirmaba- lo saben intuitivamente; si no les contagiamos nuestros miedos y nuestro dolor, ellos tienen la capacidad de enseñarnos muchas cosas.   Llegó a los Estados Unidos en el año 1958. Comenzó allí su trabajo en un hospital de Nueva York donde se sintió horrorizada por el trato que se daba en los hospitales a los moribundos: “Se les aislaba, se abusaba de ellos; nadie era honesto con ellos”. Se convirtió en una voz crítica, que clamaba porque el paciente recuperase su intimidad y se le permitiese morir no entre los fríos muros de un hospital, sino en su casa, rodeado de sus seres queridos y permitiéndole despedirse en paz.   A diferencia de sus colegas y en contra de las pautas habituales de la época, decidió sentarse cerca de sus enfermos, dedicarles tiempo, atención y escucharles mientras ellos le abrían su corazón: “Mi objetivo era romper con la barrera de negación profesional que prohibía a los pacientes expresar sus más íntimas preocupaciones acerca de la propia muerte”.   Mucho fue lo que ella aprendió de esta experiencia: vio que los niños dejaban este mundo confiados y serenos; observo que algunos adultos partían, después de superar la negación y el miedo, sintiéndose liberados, mientras que otros se aferraban a la vida sólo porque aún les quedaba una tarea que concluir, pero todos hallaban consuelo en la expresión de sus sentimientos y en el amor incondicional de quienes les prestaban atención. “La gente no tiene miedo a morir, la gente tiene miedo a morir en una unidad de cuidados intensivos, alejados del alimento espiritual que da una mano amorosa, separados de la posibilidad de experimentar las cosas que hacen que la vida valga la pena. “   Empezó impartiendo seminarios en los que participaban enfermos terminales que hablaban al público acerca de su situación y cómo la atravesaban. En 1968 estos seminarios se convirtieron en cursos acreditados. Hoy los estudios sobre la muerte y el morir forman parte de la formación de los estudiantes de medicina de muchos países.   Su primer libro Sobre la muerte y los moribundos publicado en 1969 hizo de Kubler Ross una autora conocida internacionalmente. En el explicaba sus experiencias con más de 500 enfermos al final de la vida. Este libro fue un best seller y una revolución en su momento porqué era una llamada a la humanización, al trato con los enfermos en esta última etapa de la vida, una invitación al diálogo honesto y franco acerca de sus preocupaciones, y un signo de esperanza de que esta etapa puede tener un significado de esperanza y plenitud si se afronta sin dolor físico, con conciencia y acompañado de los seres queridos, todo ello con la ayuda de profesionales sensibles, honestos y preparados.   “Cuando se está junto a su cama y se les escucha de verdad -afirmaba- percibes que ellos saben que la muerte está próxima. Cuando el enfermo nos dice que sabe que va a morir, debemos aceptar su declaración sin contradecirla”.   Según Kubler-Ross, la comunicación, aunque el enfermo no pueda hablar, es continua; si prestamos atención, él nos dirá lo que necesita. Estas son las cuatro funciones que Kubler-Ross pide a los que acompañan a un moribundo: escucha verdadera y sin juicios, aceptación, permanecer a su lado y comunicación.   Elisabeth ayudó a muchos familiares a encajar su pérdida, a saber cómo enfrentarse a la muerte de un ser querido, les explicó cómo apoyar al moribundo, lo que debía hacerse en esos difíciles momentos y lo que debía evitarse. Bajo su tutela se crearon fundaciones y movimientos ciudadanos que reclamaban el derecho a una muerte digna.   Y comenzaron a publicarse libros, gracias a los cuales miles de familias recibieron consuelo. Todo el dinero que ganaba gracias a ellos lo invertía en orfanatos y proyectos asistenciales, jamás en sí misma.   Infatigable, estuvo junto al lecho de muerte de cientos de pacientes, ayudándoles a enfrentarse a su situación, a aceptarla, a comprenderla, y en definitiva a morir con esperanza. Ella fue la primera psiquiatra que describió las fases de la muerte: pánico, negación, depresión, pacto y aceptación, que se convirtieron en un clásico de la psiquiatría. En 1970 Kubler-Ross empezó a explorar la posibilidad de la existencia de vida después de la muerte. La Universidad de Chicago cuestionó su trabajo y la despidió. A partir de entonces decidió dedicarse a la práctica privada dando conferencias, escribiendo y promocionando servicios de atención a personas en duelo y enfermas. Diseñó un curso /taller llamado Vida Muerte y Transición para personas que estaban afrontando todo tipo de pérdida. El símbolo que utilizó para estos cursos fue una mariposa ahora popularizada como icono de la muerte y la transición. Estos talleres llevan ofreciéndose desde hace más de 30 años en todo el mundo.   En 1975 Elizabeth publicó entrevistas y testimonios de personas que habían vivido experiencias en el límite y habían regresado. En estas experiencias, hoy muy conocidas y estudiadas, la gente habla de la muerte como una experiencia maravillosa y del reencuentro con personas amadas que han muerto antes. No sólo creo que hay una vida después de la muerte, sino que lo sé, tenemos datos suficientes verificables y es importante compartir este conocimiento con la gente”.   Su trabajo sobre el más allá supuso un alejamiento de muchos estamentos médicos que habían valorado su trabajo como pionera del movimiento de paliativos. Pero jamás le importaron las opiniones ajenas y a pesar del escepticismo y del rechazo de muchos de sus colegas, siguió adelante con su trabajo, ya que después de entrevistar a miles de personas en trance de muerte, no tenía dudas acerca de la supervivencia del alma.   Elisabeth Kubler-Ross dedicó muchos años a dar conferencias por el mundo y escribió más de 20 libros sobre la muerte y la vida incluyendo: Vivir hasta despedirnosLos niños y la muerte, SIDA el último desafíoLa muerte: un amanecer, y su autobiografía, La rueda de la vida. En su último libro, Lecciones de vida escribió acerca de los misterios de la vida y los vivos: “Quise, finalmente, escribir acerca de la vida y el vivir“.   Y nos invita a reflexionar acerca de nuestra propia vida: ¿Realmente es así como quiero vivir mi vida? Todos nos hemos hecho esta pregunta en algún momento. La tragedia no es que la vida sea corta, sino que a menudo solo tenemos una tardía percepción de lo que realmente importa”.   Sus libros han sido traducidos a más de 25 idiomas. Fue merecedora de 28 doctorados Honoris Causa. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás y con el coraje que aprendió de los más pequeños. Los últimos años sufrió varios infartos y sabía que su tiempo había concluido. A los 78 años falleció – hizo su transición – (como a ella le gustaba llamar al proceso de la muerte) rodeada de sus seres queridos. Su funeral fue distinto y muy emotivo. Asistieron fundadores de unidades de cuidados paliativos, de centros de duelo, centros para niños, programas para víctimas de abusos…   Solía decir: Hazlo! No atreverte puede ser mucho más dañino que atreverte y equivocarte… Esto último al menos les da a los demás algo que perdonar, lo primero no les da nada”   Su coraje, su sentido del humor, su falta de miedo a la muerte y su capacidad para transmitir sus ideas, son un ejemplo a seguir.

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El duelo en los niños


CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS A AFRONTAR LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

¿Quién desea hablar de la muerte a un hijo? Probablemente la respuesta sea….nadie. En nuestra calidad de adultos y, en especial, de madres o padres, deseamos proteger a los niños de experiencias dolorosas, y la muerte de un ser querido es la más dolorosa de todas. Deseamos ver a nuestros hijos llenos de alegría riendo, jugando y aprendiendo. Pero como la muerte forma parte de la vida, es inevitable que los niños acaben topándose con ella. Ser capaz de comprender la muerte, de atravesar las etapas del duelo de una manera sana, y seguir viviendo con eficacia, es esencial para el bienestar del niño.

Cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de todas – la muerte de un ser querido- los estamos dotando de unas capacidades y una comprensión importantes, que habrán de servirles para el resto de sus vidas.

Cuando alguien a quien conocías y amabas acaba de fallecer (cónyuge, un padre, un amigo), es normal que te invadan un montón de miedos y dudas acerca de cómo abordar la situación con tus hijos, vamos a ver algunas de esas dudas y las respuestas que te podrán ayudar:

  1. ¿Cómo puedo comunicar a mis hijos la muerte? con dulzura y afecto, usando palabras sencillas y sinceras. Siéntate con ellos en un lugar tranquilo, rodéalos con tus brazos y háblales sobre la muerte. No tengas miedo a decir “ha muerto” o “muerte”. Por ejemplo, podrías decirle: “Ha ocurrido algo muy, muy triste. El abuelo ha muerto. Ya no estará más con nosotros porque ha dejado de vivir. Le queríamos mucho y sabemos que él también nos quería. Lo vamos a echar mucho, muchísimo de menos”. Explícales en pocas palabras cómo ha muerto el ser querido. Por ejemplo: “Ya sabéis que el abuelo ha estado muy, muy, muy, muy enfermo durante mucho tiempo. La enfermedad que sufría le ha causado la muerte”. O ” Papá ha tenido un accidente. Quedó muy, muy, muy, muy grave, y el accidente le ha causado la muerte”. Los múltiples “muy” ayudan a los niños a distinguir la muerte de un ser querido, de los momentos en que estaba “muy enfermo” o “muy malherido”. Al referirte a la muerte evita usar eufemismos como “pérdida”, “se lo han llevado”, “ha desaparecido” o “ha emprendido un largo viaje”, porque alimentan los miedos que tienen los niños a ser abandonados y crean ansiedad y confusión.
  2. ¿Qué puedo decirles cuando mis hijos me preguntan “por qué”? Todas esas preguntas son difíciles de responder. Está bien admitir que tú te has hechos las mismas preguntas. Explícales que todas las personas han de morir algún día, que le ocurre a todo el mundo, que hay cosas que podemos controlar y otras que no. Y que la muerte es una de las cosas que no podemos controlar. Asegúrate de decirles que no echen la culpa a nadie, ni al ser amado que ha muerto, ni a Dios, ni sin duda a ellos mismos.
  3. ¿Deben mis hijos ir al tanatorio, al funeral o al entierro? Es una decisión que deberá tomar cada familia por sí misma. Como guía general, a los niños se les debería dejar ir a partir de los seis años, si así lo desean. Asistir a este tipo de actos con los miembros de la familia y los amigos, da a los niños la oportunidad para expresar su dolor, obtener fuerza y apoyo de los demás, y despedirse del ser querido. Si decides que acudan, asegúrate de prepararlos con antelación explicándoles lo que ocurrirá y lo que van a ver, oír y hacer. Diles si el ataúd estará abierto o cerrado, y explícales que posiblemente mucha gente llorará. ¿Y si los niños no quieren acudir? no los obligues a acudir ni hagas que se sientan culpables por no haber ido.
  4. ¿Les hará daño a mis hijos si me ven llorar y estar apenado? en absoluto. Los niños necesitan aprender a expresar el dolor y la mejor manera de hacerlo es aprenderlo de los adultos que se ocupan de ellos. Cuando lloras, estás enseñando a tus hijos que está bien llorar, les estás dando permiso para mostrar sus emociones.
  5. ¿Debo contar a los profesores de mi hijo lo que ha ocurrido? sí, lo antes posible. Los profesores pueden ayudar controlando la conducta y el estado emocional de tus hijos durante las semanas y meses siguientes al fallecimiento, y ofrecer orientación y comprensión a los niños que se sienten tristes, enfadados o deprimidos.
  6. ¿Cuáles son algunas de las formas en las que los niños reaccionan a la muerte de un ser querido y cómo debo yo responder? algunos niños se sienten culpables o responsables de la muerte de un ser querido. Pueden creer que sus palabras o su mala conducta, han causado la muerte. Tranquilízalos diciendo que esto no es cierto. En los casos en que uno de los padres ha muerto, los niños se aferran al padre o la madre que ha sobrevivido. Les preocupa muchísimo que éste pueda también morir y que se queden sin nadie que les cuide. Este miedo a ser abandonado es absolutamente normal, tranquilízalos diciendo que siempre habrá alguien que les cuide. Algunos niños experimentan una regresión y se comportan como si tuvieran menos edad con mal comportamiento y rabietas. ¡Ten paciencia! Todos estáis bajo una importante presión y tus hijos se sentirán menos preparados que tú para hacer frente a esta situación. Llámales la atención cuando se comporten mal, y sigue poniendo y fijando los límites como de costumbre.
  7. ¿Cuándo es correcto que mis hijos vuelvan a jugar? tan pronto como sientan deseos de hacerlo. Los niños tienden a llorar la pérdida de un ser querido a “rachas”. En un momento estarán llorando de tristeza y al siguiente riendo mientras juega en los columpios. El juego es muy  terapéutico en los niños, les ofrece un descanso para dejar de estar tristes, les de la oportunidad de expresar sus sentimientos a su manera, y les permite liberar la ansiedad y estrés que sienten a través de la actividad lúdica.
  8. ¿Qué es lo más importante que puedo hacer ahora mismo por mis hijos? Permanecer a su lado, ser sincero con ellos y quererlos.

Libros recomendados:

– Para los padres: “Cómo ayudar a los niños a afrontar la pérdida de un ser querido. Un manual para adultos”. William Kroen.Editorial: Oniro. 

– Para los niños: “El niño de las estrellas” Patrik Somers. ING Ediciones.