Publicado en Aula de Psicología, Miedos Infantiles

Los miedos infantiles

Os presentamos un tema que puede resulta de interés para los padres y educadores, hablamos de los miedos infantiles. A lo largo de su desarrollo los niños experimentan diferentes miedos o temores, con distintas temáticas. Algunos son miedos evolutivos, que resultan positivos para su adaptación y desarrollo, y otros (llamadas fobias) son incapacitantes y debemos enseñarles a afrontarlos. 

LOS MIEDOS INFANTILES

¿QUÉ ES EL MIEDO, QUE TANTO MIEDO NOS DA?

El miedo aparece definido en los diccionarios como “la inquietud y angustia causados por un peligro real o imaginario; el recelo de que suceda lo contrario de lo se desea”.
El miedo es una característica normal del desarrollo infantil. En sí mismo, no es negativo. Es una reacción completamente normal que todos los niños experimentan en algún momento de su vida. Los miedos suelen ir en aumento desde el nacimiento, alcanzan su punto máximo entre los 4 y los 7 años y a partir de ahí, comienzan a disminuir. El miedo, en principio, no es perjudicial, ya que cumple una función de supervivencia. Es tan antiguo como la vida misma. Es un instinto básico y, por tanto, es natural. Las sensaciones que el niño vive como desagradables, sirven para apartarle de peligros potenciales, para evitar que se exponga a situaciones de riesgo: el miedo a caerse, a acercarse a ciertos animales, a entrar en sitios oscuros,…

Gran parte de los miedos infantiles son pasajeros y desaparecen paulatinamente a medida que el niño va creciendo.

El problema es cuando el miedo se mantiene de forma repetitiva, ya que genera un estado de alerta constante, de ansiedad, de tensión y desgaste físico. Cuando este miedo es desadaptativo, es decir, cuando no obedece a ninguna causa real de peligro potencial o se sobrevaloran las posibles consecuencias, el resultado es un enorme sufrimiento por parte del niño que lo padece y de sus padres.

El miedo puede, de esta forma, alterar la capacidad del niño para afrontar situaciones cotidianas (ir a dormir, ir a la escuela, estar solo, etc.). Podemos hablar, entonces, de “miedos patológicos”, que pueden derivar, si no se tratan de la forma adecuada, en trastornos que necesitan de atención psicológica (trastornos de ansiedad, fobias,…).

Establecer la frontera entre la normalidad y la patología no siempre es fácil y dependerá mucho de la edad del niño, del miedo en particular y de la intensidad del sufrimiento y el grado de incapacitación que produce en el niño.

CUÁNDO EL MIEDO DEJA DE SER MIEDO Y SE CONVIERTE EN FOBIA

Si el temor del niño le impide desarrollar su rutina familiar, escolar o social con normalidad, podemos encontrarnos ante un trastorno que ya no formaría parte del ciclo evolutivo normal. En este caso, consulte a un especialista.

El miedo se convierte en fobia cuando:

¨     Se evita el contacto con el estímulo temido (o su simple visión) de forma reiterada.

¨     El miedo es desproporcionado, muy intenso, la reacción es exagerada.

¨     Es irracional, realmente no hay una causa justificada.

¨     Está fuera del control voluntario, no se puede evitar reaccionar de esa forma.

¨     Genera ansiedad, malestar y activación fisiológica (manos sudorosas, aumento de la frecuencia cardiaca, del tono muscular, voz temblorosa, mareos…).

¨     El miedo se mantiene en el tiempo (y aunque no veamos el objeto temido).

¿Qué miedos son los más comunes? Curso evolutivo de los miedos

Los niños pequeños tienen miedo a todo aquello que sienten que puede poner en peligro su integridad emocional o física, más allá de que nos parezca o no razonable a los adultos. En cada etapa de desarrollo predomina un tipo u otro de miedos:

¨     Primera infancia: desde los 6 meses hasta los 3 años: en este periodo pueden tener miedo a los ruidos fuertes e inesperados como pueden ser los de una tormenta o una aspiradora, a los extraños y a separarse de los padres.

¨     Etapa preescolar: de 3 a 6 años: se mantienen los de la etapa anterior y, además, pueden tener miedo a los monstruos y fantasmas, la oscuridad, al colegio, los animales,… La mayoría de los miedos a los animales empiezan a desarrollarse en esta etapa y pueden perdurar hasta la edad adulta.

¨     De 7 a 10 años: el niño tiene ahora mayor capacidad para diferenciar la imaginación de la realidad, por lo que los miedos son ahora más realistas, desapareciendo progresivamente el temor a los seres imaginarios o del mundo fantástico y siendo más frecuente el miedo al daño físico (accidentes, muerte), a los médicos (heridas, sangre, inyecciones), al fracaso escolar, a hacer el ridículo en público, y, en algunos casos, al divorcio de los padres o al abandono de los seres queridos (éste es el más importante para su integridad emocional).

¨     De 11 a 12 años: miedo a los cambios físicos, a la crítica, al fracaso o al rechazo por parte de sus iguales.

Otros hechos que provocan ansiedad o tensión, como la hospitalización de alguna persona querida, las peleas familiares, la llegada de un hermanito o cualquier otro hecho que suponga un cambio en la rutina del niño o afecte a su relación con alguien importante para él, pueden provocar también terror.

La lista de posibles miedos es interminable: al fuego, al castigo, a las alturas, a los muñecos, a la bañera, etc.

POR QUÉ LOS NIÑOS DESARROLLAN MIEDOS

Que uno sea más miedoso que otro no depende únicamente de su carácter, de su genética, sino también de otros factores que pueden hacer que un niño desarrolle distintos miedos:

¨     La observación. Muchas veces se tiene miedo porque se ha visto o aprendido que se debe tener miedo. Los padres con tendencia a ser miedosos suelen tener hijos con miedos. Sin querer, proyectan eses miedos y temores, que el niño detecta y le hace sentirse más inseguro. Los hijos buscan las reacciones emocionales de sus mayores ante situaciones de tensión o desconocidas para ellos, les usan como modelos. Si el niño percibe ansiedad en su madre al hablar de inyecciones, será más probable que él mismo sienta ansiedad cuando sepa que le tienen que pinchar.

¨     Las experiencias desagradables, el aprendizaje directo. Por ejemplo, el miedo a no poder respirar se puede dar en un niño con ataques de asma o que se despierta de repente por la noche con la sensación de no poder respirar. Este miedo podría desencadenar un ataque de pánico si no se trata de la forma correcta. O el miedo a los ruidos fuertes en un niño que de más pequeño sufrió quemaduras al jugar con un petardo que le explotó en las manos.

¨     Las experiencias vitales violentas o traumáticas pueden generar muchos miedos y fobias: presenciar malos tratos, peleas o situaciones que le impacten emocionalmente (accidentes, muerte de algún ser querido, etc.).

¨     Las amenazas. El miedo se produce a veces por la imprudencia de los adultos. Amenazarlos con dejarlos solos, llevarlos al médico o llamar al hombre del saco cuando se portan mal o no quieren comer, no es lo más adecuado para imponer autoridad. Sólo en algunos casos es correcto “meterles miedo” como forma de evitar un peligro: no subirse a los árboles, no cruzar solo la calle, no irse con desconocidos…

¨     La televisión. Algunos miedos, a los fantasmas, a los monstruos,…tienen su causa directa en escenas impactantes, dramáticas, violentas o de terror. Evidentemente, es totalmente desaconsejable que los niños vean este tipo de programas o películas cuando aún no tienen la edad suficiente para separar claramente la ficción dela realidad. Por otra parte, los menores de 3 años nunca deberían ver la TV; no la necesitan y no están maduros para asimilar las imágenes.

¨     La propia imaginación infantil, que crea amenazas ficticias. Muchos de los niños que tienen miedo a la oscuridad, lo que tienen es miedo de sus propias fantasías que afloran por la noche, cuando están a solas y se sienten inseguros y desprotegidos. No olvidemos que los niños en edad preescolar tienen una imaginación desbordante. Y como aún no distinguen claramente entre el mundo real y la fantasía, es fácil que se sientan algo confundidos.

CÓMO PODEMOS AYUDARLES A VENCER EL MIEDO. ORIENTACIONES GENERALES

Lo que NO se debe hacer:

¨     En primer lugar, nunca debemos reírnos de los temores del niño o decirle que es un cobarde y un miedoso, especialmente en presencia de sus compañeros. NO se debe humillar o ridiculizar la vivencia del miedo, aunque no se entienda. Tampoco sermonear ni castigar.

¨     En segundo lugar, nunca negar o ignorar su miedo. “¿Qué vas a tener miedo tú, hombre?”, “bah, eso son tonterías”, “no te asustes, no tienes motivo”, “tienes que ser valiente”… Ese miedo puede vivirse ante un hecho real o imaginario, pero no debe negarse si el niño lo manifiesta. Porque, para el pequeño, es una vivencia real.

¨     Evidentemente, no utilizar “historias de miedo” (“si te portas mal, vendrá…”) o amenazas como “no te querré”, “te quedarás aquí solo”,… para lograr obediencia.

¨     Protegerle en exceso. Eso le hará más inseguro. La exploración que puedan hacer por su cuenta y las experiencias que vivan les ayudarán, con la edad, a ser emocionalmente maduros y a vencer muchos miedos. El niño debe ir asimilando las diferentes emociones y el miedo forma parte natural de nuestra vida desde el inicio. Siempre, claro está, con el apoyo y la ayuda de los padres.

¨     Mentir al niño. Por ejemplo, cuando el niño tiene que vacunarse, ocultárselo o decirle que no se va a enterar de nada. Simplemente hay que explicarle las cosas de manera sencilla para que las pueda entender.

¨     No debemos darle demasiada trascendencia al tema, NO mostrar (al menos delante del niño) preocupación o angustia. El niño podría pensar que de verdad hay motivos para preocuparse.

¨     Permitir al niño dormir en la cama de los padres. Es una mala costumbre que el niño termina adoptando y una vez que ha cumplido cierta edad, dos o tres años, es bastante difícil volverlo a acostumbrar a dormir solo en su cama y en su habitación. Sólo debe hacerse como algo excepcional, como motivo de fiesta.

¨     Es contraproducente y además cruel obligarlo a pasar por situaciones que le producen pavor, forzar al niño a hacer lo que teme como forma de curarlo.

¨     No deberíamos negarle nuestra compañía. Es lo único que le da seguridad, y desde ahí podrá superarlo con la edad.

¨     Como ya hemos comentado y todos sabemos, nunca dejar solo a un niño pequeño delante de la televisión.

Cómo combatir el miedo infantil:

¨     Lo primero de todo, pensar en nuestros propios miedos y analizar si se los estamos transmitiendo a nuestro hijo.

¨     Ante todo, mostrar tranquilidad. Recordemos que los padres excesivamente preocupados pueden ser un mal modelo y aumentar la tensión del niño. La actitud tranquilizadora y positiva del adulto es de especial importancia ante algunos miedos, como el miedo a los animales, al médico,…

¨     Dar seguridad con nuestra presencia, si la requieren, y nuestro afecto.

¨     Hablarle en un tono bajo y con movimientos pausados para transmitirle tranquilidad.

¨     Empatizar: apoyarlos y comprenderlos. En un primer momento, se debe ayudar al niño a enfrentar el temor juntos, padre o madre e hijo, para pasar luego a dejar que lo afronte él solo. Sin cariño ni comprensión, los miedos pueden convertirse en fobias.

¨     Hágale ver que no hay que avergonzarse por tener miedo a algo y explíquele que incluso los mayores temen a algo.

¨     Dejar que hablen de sus miedos y convencerles de que no tienen razón de ser. Hay que ayudarles a distinguir el sentimiento de miedo de la existencia de un peligro real. Repetirle las veces que haga falta estas explicaciones va a permitirles, poco a poco, ir haciendo suyos esos argumentos, de modo que podrán decírselos a sí mismos cuando tengan miedo en ausencia de sus padres.

¨     Predicar con el ejemplo. Que vea en nosotros un modelo adecuado de superación. Contarle miedos que teníamos de pequeños y cómo los superamos, hacer lo que el niño teme (por ejemplo, estar en la habitación a oscuras). O, lo que resultará más eficaz, se puede pedir a otro niño de edad similar que haga lo que teme el niño o enseñarle un programa de televisión en el que el niño protagonista realiza la conducta temida…. No consiste en compararlo con otros niños que no tienen miedo, sino en que vea que realmente no pasa nada.

¨     Recurrir a cuentos disponibles en el mercado, en el que sus protagonistas narran sus miedos y su manera de enfrentarse a ellos (les iré dando distintas sugerencias a lo largo de esta charla).

¨     Acercar al niño de forma progresiva al objeto temido, pero sin forzarlo. Esto sería adecuado para niños que temen a la oscuridad o a quedarse solos en su habitación, por ejemplo. Evidentemente, no podemos pretender que el niño supere este tipo de miedos inmediatamente, por mucho que se lo razonemos. Se podría, en el caso de niños con miedo a la oscuridad, utilizar distintos grados de iluminación, hasta llegar a la oscuridad total. Si el niño consigue permanecer un determinado tiempo en la habitación, le premiaremos con un pequeño juguete, una golosina o una actividad atractiva para él. El próximo día probaremos con una iluminación más oscura. Ir avanzando con mucha calma y mucho sentido común. No dar importancia a los retrocesos y celebrar los pequeños pasos. Utilice el juego y la imaginación.

¨     Felicitarlo cuando haga esfuerzos por superar el miedo.

¨     Haga que gane seguridad en sí mismo elogiándolo en aquello que hace bien él solo: vestirse sin ayuda, colaborar en algunas tareas sin que nadie se lo pida,…

Evidentemente, estas pautas son generales y deben ajustarse a la edad del niño, sus características y el miedo específico de éste.

Veamos ahora más detenidamente algunos de los miedos más frecuentes en los niños y que, como veremos, suelen estar muy relacionados entre sí:

  • Miedo a la oscuridad
    • Miedo a separarse de los padres
  • Miedo al colegio

MIEDO A LA OSCURIDAD

Uno de cada 3 niños tiene miedo dela oscuridad. Este miedo suele desaparecer alrededor de los 9 años. El temor a la oscuridad puede presentarse junto con otros miedos diferentes: separación de los padres, abandono, pesadillas, miedo a los monstruos y a los seres imaginarios, a las tormentas, etc.

Es normal que los niños con miedo a la oscuridad, a la noche, se despierten y tengan pesadillas de vez en cuando. Los acontecimientos del día pueden alterarle el sueño y, además, en la morfología del sueño hay varios despertares.

En gran parte, este miedo a la oscuridad y a la noche es adquirido a través de un sinfín de imágenes, vivencias e historias que experimenta el niño:

  • En los cuentos infantiles, un recurso muy habitual es relacionar a los malos con la oscuridad: “el dragón vivía en una cueva oscura”, “los piratas atacaron por la noche”, etc.
  • En las películas, los crímenes siempre se cometen de noche.
  • Las bromas inconscientes en torno a la oscuridad: “Uy que oscuro, qué miedo, qué miedo…”.
  • La vivencia de esta secuencia o similar: por la noche el niño se despierta porque ha tenido pesadillas y llama a su madre con desesperación. Ésta llega y, antes de calmarlo, enciende la luz y después le consuela.

Lo más habitual es que este miedo a la oscuridad se dé junto con otro miedo, a los monstruos, los fantasmas, las brujas,

A partir de los 2 años, la imaginación infantil no tiene límites: jugando convierten una olla en un casco, una caja en un avión o el palo de una escoba en un caballito. Esa gran capacidad imaginativa puede dar lugar al miedo a los monstruos y otras criaturas irreales.

Su incapacidad para distinguir la realidad de la fantasía y su necesidad de sentirse seguros y protegidos juegan un papel importante en estos miedos.

La televisión y los libros también son materia prima para los personajes imaginarios terroríficos. En algunos programas de TV aparecen niños grandes que intimidan a los más pequeños y éstos, en la imaginación infantil, pueden convertirse en monstruos temibles. El lobo y la bruja de los cuentos cobran mayores dimensiones si el narrador hace énfasis en su ferocidad, fealdad o maldad. Aunque les digamos que sólo es un cuento o un programa de televisión, en su imaginación todo lo que ven es real. Incluso lo que sueñan, para ellos, es real; si sueñan con algún monstruo, al despertar estarán seguros de que los monstruos existen y necesitarán mirar debajo de la cama, dentro del armario o detrás de las cortinas. Un simple ruido puede representar una amenaza, un fantasma que se oculta en la oscuridad de la habitación.

Cómo actuar ante el miedo a la oscuridad:

¨     Cuanto más agradable sea el ambiente en el que duerme el niño (luz, temperatura,…), mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas.

¨     Establecer una rutina muy clara para acostarse: siempre dando los mismos pasos y a la misma hora. Estos rituales hacen que adquieran hábitos de sueño saludables y les proporciona seguridad. Por ejemplo, una rutina típica a la hora de dormir sería:

  • Cenar.
  • Darse un baño.
  • Ponerse el pijama.
  • Lavarse los dientes.
  • Acostar al niño.
  • Leerle un cuento o charlar con él sobre los acontecimientos del día: la hora de acostarse debe reservarse para actividades relajantes que se realicen en la habitación del niño, y no estimulantes, como ver la televisión o juegos muy movidos.
  • Darle un masaje o caricias en la frente, en las cejas,…y un beso de buenas noches, un “te quiero, hasta mañana” y… ¡a dormir!

¨     Si siente miedo, no debemos apagarle la luz y cerrar la puerta “para que se acostumbre”. El miedo debe tratarse y respetarse. Si se fuerza, puede hacerse crónico o transformarse en fobia. No debemos obligarle mientras él no se sienta tranquilo.

¨     Dejarle música suave en la habitación puede ayudar.

¨     El niño debe aprender, con el tiempo, a dormir a oscuras y no necesariamente en silencio absoluto, ya que esto le lleva a sobresaltarse con el menor ruido.

¨     Iremos eliminando progresivamente el foco de luz de la siguiente forma:

  • Primero le dejamos dormir con la luz encendida y cuando esté dormido se la sustituimos por la luz de la mesilla de noche.
  • Más adelante, intentaremos convencer al niño de que duerma con la luz de la mesilla de noche o con la luz del pasillo encendida. Le explicaremos que se la apagaremos cuando se duerma.
  • Finalmente, podemos sustituir la luz de las lámparas por luces tenues, como los pilotos que se ponen en los enchufes.

¨     Si el niño siente miedo y se niega a dormirse solo, no es necesario que le durmamos nosotros siempre ni toda la noche. Perono pasa nada por quedarse tranquilizándole cuando tiene miedo. Poco a poco, debe ir disminuyendo el tiempo en el que se le acompaña hasta conseguir que se quede solo y tranquilo. Comience por levantarse a por agua durante unos minutos y vuelva con él. Al día siguiente, ir al baño y tardar un poco más, aumentando el tiempo fuera de la habitación, hasta que se vaya durmiendo…

¨     Si de lo que tiene miedo es de los monstruos o de algún otro ser imaginario, debemos ir convenciéndolos poco a poco de que tales monstruos no existen, pero también darles herramientas para “combatirlos”: abrazar un muñeco de peluche al dormir, ponerse un “traje invisible contra monstruos”,…utilizar también nosotros la imaginación y encontrar juntos la manera de enfrentar sus miedos.

¨     Tratar de entender sus llantos, de ponerse en su lugar, pero también de distinguir cuándo realmente tiene miedo y cuándo está tratando de manipularnos porque simplemente no quiere ir ala cama. En muchos casos, la oscuridad representa el fin, el término de los bueno, cuando los padres se van, cuando ya no se puede leer ni jugar, ni hacer nada de divertido.

¨     Si el niño se levanta continuamente: cuando los padres ya han seguido los hábitos y rituales del momento  de acostarse, y a los 10 minutos el niño está en el salón pidiendo un vaso de agua, se puede hacer lo siguiente:

  • Llevarle a la cama y poner un despertador que suene al poco tiempo. Dígale que regresará a su habitación antes de que suene. Prémiele con un masaje en la espalda por permanecer en la cama. Gradualmente, alargue el tiempo que debe permanecer en la cama antes de obtener la recompensa, ya sea un masaje en la espalda o un helado para desayunar. Si es necesario, siéntese v léale hasta que el niño se haya dormido.
  • Si el niño es muy pequeño, enséñele cómo dormirse. Algunos niños pequeños no consiguen relajarse lo suficiente par poder dormir, por lo que se les pueden enseñar técnicas de respiración y de relajación. Los padres pueden acostarse un rato al lado del niño (sólo cuando es muy pequeño y tiene mucho miedo) y hablarle de lo que hay que hacer para quedarse dormido, con la luz apagada. Dígale que cierre los ojos y en un tono de voz suave cuéntele un cuento de cómo las olas del mar se siguen unas a otras para jugar y vuelven a casa una y otra vez. Recuérdele que debe echarse y quedarse quieto y tranquilo, con los ojos cerrados e imaginarse las olas.
  • Colocar junto al niño todo lo que se necesita para la noche: un vaso de agua, una cajita con una linterna, su juguete favorito, música para escuchar antes de dormirse…
  • No discuta. Si el niño suele salirse con la suya, será preciso aplicar consecuencias negativas: pérdida de privilegios al día siguiente o acostarse más temprano la próxima noche.
  • Reforzar la cooperación del niño. Utilizando palabras amables por su cooperación en el momento de acostarse. También se pueden dar puntos por respetar las costumbres del momento de acostarse y porque el niño ha permanecido en la cama, antes de dormirse. Al principio, los padres deben dar puntos por permanecer en la cama durante 5 minutos, después se debe prolongar gradualmente el tiempo necesario para ganar puntos.

¨     El juego ayuda a desdramatizar el miedo. Practicar juegos en la habitación a oscuras durante el día: la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos en la oscuridad, el escondite, etc. También utilizar la imaginación: la goma imaginaria que se le pasa por la frente es mágica y borra pesadillas, utilizar un mando a distancia mágico que cambia los sueños,..

¨     Darle seguridad al niño, lograr que confíe en nosotros y darle estabilidad afectiva hará que tenga menos miedos. Quererle, demostrárselo y disfrutar de todo el tiempo que pase con su hijo durante el día, para que por la noche no le cueste tanto separarse de usted.

Cuando aparecen las pesadillas

Las pesadillas se dan en un 10-50% de los niños de 3 a 5 años. Normalmente, desaparecen conla edad. Pueden aumentar su frecuencia en periodos en que el niño se encuentra inquieto o nervioso por algún motivo familiar, escolar o de otro tipo.

En sí mismas no constituyen un gran problema o trastorno, pero sí los efectos secundarios que pueden producir en el niño, si éstas son demasiado frecuentes (miedo a dormirse, a la noche, a conciliar el sueño solo, irritabilidad y ansiedad cuando se ven afectadas las horas de sueño,…). Sólo si los sueños de terror son frecuentes podemos hablar de un problema de ansiedad.

Cómo actuar ante las pesadillas:

¨     Los padres deben saber tranquilizar a los niños tras la pesadilla.

¨     Consolarle con la luz apagada.

¨     Es importante que vayan al dormitorio del hijo y lo escuchen, pero sin entrar en demasiados detalles acerca del contenido del sueño.

¨     Utilice una voz suave y trate de no mostrarse preocupado o ansioso.

¨     Explíquele que ha tenido una pesadilla mientras dormía y que ya ha pasado todo.

¨     Si el niño es muy pequeño o está muy asustado, puede necesitar que uno de los padres lo acompañe durante algún tiempo mientras trate de conciliar el sueño o puede dejarse conectado algún pequeño piloto de luz. Esto se valorará en cada caso para no crear hábitos inadecuados.

¨     Para los niños más mayores (a partir 7 u 8 años) puede funcionar que los padres hablen por la mañana sobre la pesadilla, en un ambiente relajado o lúdico.

¨     Hay que averiguar si hay algo que le preocupa en especial al niño (en el cole, en casa…).

¨     Es importante saber escuchar e interpretar las claves de su comportamiento (si ha habido cambios en su conducta habitual coincidentes con el comienzo de las pesadillas, etc.).

¨     Explicarle que las pesadillas, aunque son muy molestas, es normal tenerlas, y que, con el tiempo, acabarán dejando de aparecer. Con ello podremos contribuir a rebajar la ansiedad asociada al temor a que se vuelva a producir.

Cuentos que quitan el miedo:

¨     Las sombras del pasillo. Agustín Fernández Paz. Editorial Edelvives

¨     Las pesadillas de Ada. Isabel Córdova. Ediciones SM

¨     Comemiedos. Jorge Zentner. Editorial Destino

¨     ¡No tengo sueño!  Philip Stanton. Ediciones SM. Colección “La gata Misha”

MIEDO A SEPARARSE DE LOS PADRES

El miedo a la separación de los padres y, en especial, de la madre, es uno de los temores más consolidados de la especie humana. Aparece por primera vez antes del año y es normal que desaparezca alrededor de los 3 años, aunque en algunos casos se mantiene durante mucho más tiempo, convirtiéndose en un problema, lo que se conoce como “ansiedad de separación”.

Carlos tiene 6 años. Últimamente está muy nervioso, le cuesta mucho dormirse, tiene pesadillas y se despierta asustado. Siempre ha tenido dificultades de sueño y desde siempre “llama mucho por las noches”. Los 2 primeros años de colegio, cogía muchas perretas cada vez que tenía que ir al colegio, pero ya lo ha superado. Cree que le va a ocurrir algo terrible a sus padres, teme que le puedan abandonar, quiere que su madre se acueste con él y no se puede dormir si ella está despierta viendo la televisión. Su madre le define como un niño excesivamente sensible, que todo le afecta, cariñoso, obediente y buen estudiante. Este problema empezó el año pasado y ha ido en progresión.

Uno de cada 25 niños experimenta este tipo de ansiedad.

Los niños con ansiedad de separación son niños que tienen problemas en alejarse de los padres o de otras personas significativas para ir a la escuela, ir a un campamento de verano, quedarse en casa de un amigo o jugar solo en la habitación. Siguen a la madre a todas partes, tienen dificultades para quedarse dormidos, se pasan a la cama de los padres, no pueden dormir en otras casas,…

En estas situaciones reaccionan con desesperación, rabietas, llantos, gritos, se cuelgan de la madre,…Cuando anticipan una separación, se suelen quejar de dolores físicos, principalmente de barriga y de cabeza.

Suelen presentar otros tipos de miedos, como a la oscuridad, a los monstruos o a los ladrones.

Cuando el problema se va complicando, aparecen preocupaciones por lo que le puedan suceder a los padres (accidentes, muerte…), miedo a que los puedan abandonar, tristeza, depresión,…

Es un miedo que conviene tratar lo antes posible, ya que los niños empiezan a vivir muy pronto situaciones en las que deben separarse de los padres durante muchas horas.

El comportamiento de los padres es fundamental para que el niño evolucione correctamente y supere sin problemas el miedo a la separación.

Ante la separación:

¨     Es muy recomendable que se acostumbre desde pequeño a pasar pequeños ratos separados de sus padres.

¨     Deje que el niño haga las cosas solo. Hay que potenciar al máximo la autonomía del niño. Es más fácil vestirle en 5 minutos que esperar media hora a que lo haga él solito. Pero si los padres son pacientes y le dejan que lo vaya haciendo a su ritmo, le ayudarán a potenciar su independencia.

¨     Jugar a esconderse y encontrarse en todas sus modalidades (desde esconderse la cara en las manos cuando son pequeños hasta esconderse en un cuarto que esté a oscuras). De esta forma, se les ayuda a vivir la separación de una manera placentera y educativa, ya que aprenden que cuando no ven una cosa no significa que haya desaparecido.

¨     Cuando usted vaya a otra habitación, dígale que volverá y luego hágalo.

¨     Planee las separaciones cuando su hijo haya descansado y comido, en lugar de hacerlo antes de una siesta o una comida. Estará más tranquilo.

¨     Ofrézcale un objeto de transición, por ejemplo un juguete que lo ayude a aliviar las separaciones.

¨     Controle su ansiedad. Si los padres, al separarse de su hijo, experimentan y manifiestan ansiedad, seguramente se la contagiarán.

¨     Cuando planee salir, siempre dígaselo a su hijo con anticipación. En algunas ocasiones, estará tentado de salir sin ningún aviso, pero es mejor no hacerlo. Estará creando desconfianza en su hijo. Cuando los hijos temen que sus padres se vayan sin ningún aviso, comienzan a sentirse más inseguros y vulnerables. Despídase siempre de él. Quince minutos antes de que salga, dígale que va a salir. Esto le dará tiempo al niño para hacerse a la idea.

¨     Si deja a su hijo a cargo de una niñera, preséntesela de manera gradual, dándole tiempo para que la conozca antes de dejarlo solo con ella. Lo ideal es que la niñera los visite antes un par de veces mientras usted esté en casa.

¨     No prolongue las despedidas y procure que la niñera distraiga a su hijo con un juguete mientras usted se va.

¨     Antes de irse, comience alguna actividad que sea interesante para su hijo con la  persona que se quede a su cuidado.

¨     Deje que su hijo exprese sentimientos de tristeza. No rechace las lágrimas; mejor trate de calmar a su hijo y tranquilizarlo.

¨     Siempre dígale a su  hijo que va a volver. Diciendo “mamá viene más tarde” cuando salga y “mamá llegó” cuando regrese, le mostrará el tiempo que transcurrió.

Cuentos que quitan el miedo:

¨     Pablo no quiere estar solo. Roser Rius. Ediciones SM.

MIEDO AL COLEGIO

Es totalmente normal que los niños, a veces, se nieguen a ir al colegio. Puede pasar a principios de curso, tras una enfermedad o después de las vacaciones, es decir, tras un periodo en que el niño ha estado en casa en compañía de los padres. Normalmente la negativa no dura más de unos días. A medida que crecen, la separación de sus padres les costará menos y la necesidad de tener amigos pesará más.

El niño, por lo general, se quejará de dolor de cabeza, de barriga, de garganta,…justo antes de la hora de ir al cole. La “enfermedad” mejora cuando se le permite quedarse en casa y reaparece a la mañana siguiente antes de volver al colegio.

La negación a ir al colegio también puede surgir como respuesta al nacimiento de un hermano. Es una reacción normal. Sólo es una forma de llamar la atención, y la reacción adecuada es no dar importancia a sus negativas: no enfadarse, gritar o desesperarse. Hay que valorar todos sus esfuerzos por ir al cole: ser mayor, vestirse solo, hacer las cosas bien,…Entonces sí debe tener toda su atención y cariño.

También es normal que el niño no quiera ir al colegio después de un acontecimiento negativo como la muerte de un ser querido o de una mascota, un cambio de colegio o una mudanza.

Debemos preocuparnos cuando la negativa a ir al colegio persista más de 2 o 3 semanas. También si el niño está obsesionado con el colegio, tiene alteraciones de sueño y de apetito, vomita, vuelve a hacerse pis por la noche, cambia su comportamiento o es una sombra de sus padres. Hablaríamos entonces de fobia escolar, que es un problema de ansiedad que debe abordar un especialista.

La fobia escolar puede producirse por una excesiva protección: el niño no sabe enfrentarse a la vida sin sus padres. Pero también puede deberse a problemas reales en el colegio, con sus compañeros (niños que se meten con él, que le hacen quedar en ridículo,…), con los profesores (miedo a equivocarse y a que le echen la bronca en público, a que le castiguen…) o en el aprendizaje (miedo al fracaso, a decepcionar a los padres por su rendimiento, niños con dificultades de atención,…). En estos casos, hay que descartar cualquier conflicto puntual.

Decálogo para ir bien al colegio:

  1. Evite la superprotección y hará que su hijo tenga las herramientas necesarias para enfrentarse a la separación y a la vida en general. Fomente su autonomía.
  2. Trate siempre de comunicarse emocionalmente con su hijo. Eso hará que él le cuente sus miedos, sus fracasos, sus problemas.
  3. Nunca le ridiculice, ni le haga comparaciones, ni le castigue, ni le riña. Su miedo y su ansiedad son reales. Los padres deben aprender a distinguir cuándo les está probando y cuándo está angustiado de verdad.
  4. No dramatizar ante sus llantos, pataletas o pequeñas tragedias diarias. Eso hará que repita su conducta para conseguir su atención.
  5. No trate de razonar. En ese momento no entiende, su emoción prima sobrela razón. Utilicela táctica dela distracción. Cambiede conversación, utilice el humor, cuéntele algo que le guste mucho o déle su juguete favorito para que lo lleve ese día al colegio.
  6. Busque siempre relacionar el colegio con algo bueno: los amigos, las excursiones, el recreo, aprender a leer, ser mayor,…Procure que su hijo ser relacione con sus compañeros de clase fuera del centro: invíteles a su cumpleaños, a jugar en su casa,…Y siempre debe ignorar los comentarios negativos del niño sobre el colegio y no le dé su opinión al respecto.
  7. Que no viva la experiencia del colegio como una constante evaluación: “¿lo has hecho bien? ¿has sido bueno?”.
  8. Acostarlo temprano y levantarlo con tiempo por la mañana; las prisas estresan a los niños y nos ponen a todos más nerviosos.
  9. Ante el rechazo, involucre a su profesor. Él puede ayudarle a que su hijo se sienta mejor, con pequeños estímulos, premios, alabanzas, dándole responsabilidades,…Si existe un rechazo fuerte, trate de pactar con él estancias paulatinas en el colegio y cada vez más largas. No podemos olvidar que el niño realmente puede estar sufriendo.
  10. 10.  Sobre todo, haga que se sienta seguro y protegido. Aproveche el tiempo para estar con él, apague la tele, cuéntele un cuento, que sienta que cuando no está en el colegio, todo su tiempo es para él.

Cuentos que quitan el miedo:

¨     ¡Hoy no voy al cole! Philip Stanton. El barco de vapor – Grupo SM. Serie “La gata Misha”.

¨     Coquín va al colegio. Aline de Pétigny. Ediciones Muestras y Motivos S.A.

¨     Soy demasiado pequeña para ir al colegio. Lauren Child. Ed: Serres.

¨     El regreso a clases de Roberta. Silvia Francia. Ed: Ekaré.

EN RESUMEN

En definitiva, tenemos que comprender que, muchos miedos son fruto de la vivencia natural de inseguridad, propia de su inmadurez psicoafectiva.

Necesitan nuestro apoyo y afecto, independientemente de su edad. No se trata de endurecerlos, sino de acompañarlos en su crecimiento, con empatía, amor y muchas dosis de paciencia.

 

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

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